ANÁLISIS POLÍTICO ELECTORAL

El 8D no detendrá la radicalización

El 8D no detendrá la radicalización

Nov 28, 2013

 Otra vez una elección se venden a los ciudadanos como la última batalla entre dos modelos. Aunque ciertamente lo que ocurra el 8 de diciembre condicionará el corto plazo en Venezuela, suponer que el país se acabará ese día si gana el chavismo o que el país retomará caminos menos convulsionados por el simple hecho de que gane la oposición, es engañarse.

Existen tres formas de evaluar los resultados de las elecciones municipales del 8 de diciembre. El análisis inicial, al tratarse de 337 elecciones distintas (335 alcaldes municipales y dos alcaldes metropolitanos) se orienta a identificar a la fuerza política que obtenga más alcaldías.

El resultado de este primer análisis es muy sencillo de inferir, especialmente si se recuerda que el chavismo controla en este momento 84% de las alcaldías del país, lo que refleja el crecimiento sostenido de su control municipal en la última década. En el año 2000 el chavismo apenas gobernaba en 80 municipios; para las elecciones locales del año 2004 lograron expandir su poder a 163 municipalidades y en los comicios de 2008 obtuvieron la victoria en 265 alcaldías.

Es de suponer que aunque el chavismo sufra un descalabro en su votación el 8 de diciembre estará en capacidad de mantener el control sobre la mayoría de los 335 municipios del país.

La segunda forma de evaluar los resultados del 8 de diciembre es analizando la fuerza política que logre obtener (o mantener) el control de los principales municipios del país. La forma de evaluar la importancia de los municipios está asociada a su ubicación y población (municipios dentro del corredor electoral o que sean capitales de estado).

Pongamos un ejemplo. Si utilizamos como referencia las encuestas que cerraron hasta el 12 de noviembre (siempre recordando que las encuestas no predicen el futuro y solo muestran la opinión pública durante la etapa de la  medición) es de suponer que el chavismo mantendrá el control del municipio Libertador (Distrito Capital) y la oposición logrará retener la simbólica, aunque prácticamente sin competencias,  Alcaldía Metropolitana. En este ejemplo, la tercera plaza más importante será la alcaldía del municipio Maracaibo (Zulia) en donde las encuestas muestran a dos candidatos apoyados por bloques políticos de similar tamaño (especialmente después de los anuncios económicos del presidente Nicolas Maduro)

La tercera forma de analizar los resultados está relacionada con el total de votación que obtenga el chavismo y la oposición.

Evidentemente el voto nacional está directamente relacionado con las alcaldías en las que pueda ganar cada fuerza electoral, más que en la cantidad de municipios que voten favorablemente por el chavismo o por la oposición.

Hasta el 9 de noviembre (antes de los anuncios económicos) distintos estudios de opinión sugerían que la imagen del gobierno de Maduro se debilitaba de forma lenta, pero sostenidamente. En este escenario no era una sorpresa inferir que la oposición (a pesar de no poder capitalizar la mayoría de las alcaldías) obtendría la mayoría en el voto nacional. No obstante, los últimos anuncios realizados por el Ejecutivo Nacional constituyen una variable que podría tener un impacto relevante en los resultados del 8 de diciembre.

Obviando el análisis del impacto negativo que tendrá las decisiones adoptadas en las últimas semanas en la vida de los venezolanos durante 2014, se debe  suponer que los anuncios de Maduro lograrán, como mínimo, detener el avance que experimentaba la oposición en las encuestas,

además de reactivar el voto oficialista en sectores que exhiben un creciente desencanto con la Revolución Bolivariana. En otras palabras, gracias a la rebaja de precios los candidatos del chavismo podrían reducir considerablemente la brecha en municipios en que la oposición se sentía cómoda para el 8D.

Expongamos algunas hipótesis sobre el voto nacional. Tomando como referencia los resultados de ambos bloques en la elección presidencial del 14 de abril y suponiendo que la participación será de 60% del electorado (20 puntos menos de participación) se puede inferir que la oposición lograría ganar en, al menos, 96 municipios, y obtener 49,12% del voto nacional. Si se repite el escenario de abril el chavismo capitalizando 50,61% del voto nacional, lograría controlar 239 alcaldías.

No obstante, si la votación del chavismo aumenta (linealmente) en cinco puntos porcentuales con relación a los resultados del abril podría estar ganando en 254 municipios, jurisdicciones que le darían el control de 53% del RE. ¿Y si el incremento es de la oposición?. Si los candidatos de la MUD logran incrementar en cinco puntos porcentuales la votación del antichavismo (en comparación a los resultados de abril) podrían tener el control de 116 municipios, que equivaldrían a  51% del Registro Electoral.

El 8 de diciembre se celebran elecciones municipales sin ninguna característica legal que le confiera el rol de plebiscito. No obstante, los resultados del voto nacional (y los municipios emblemáticos) condicionarán la actuación de los dos bloques políticos en el corto plazo. El chavismo continuará su proceso de radicalización política en 2014, gane o pierda el voto nacional. Si obtiene más votos que la oposición podría posponer algunas decisiones mientras recompone el desequilibrio económico generado para ganar; no obstante la radicalización vendrá, aunque se convierta a Veenzuela en un país inviable. Incluso, si obtiene menos votos la radicalización será necesaria para cohesionar a sus electores y no ceder cuotas de poder.

Por el contrario la oposición necesita ganar el voto nacional y controlar las alcaldías más emblemáticas (o al menos repetir el escenario del 14 de abril de 2013) para tener el suficiente músculo político que le permita defender los espacios ganados (que seguramente serán desconocidos en el mediano plazo con la creación de Comunas) y convertirse en una alternativa que logre, al menos, contener el avance de un modelo político totalitario que amparándose en el discurso de igualdad social está dispuesto a desconocer -y a penalizar- a todo aquel que se atreva a convertirse en una voz disidente de las ideas del Supremo.

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